Continúa la gira americana de la Fórmula 1 cuando se lleve a cabo el Gran Premio de Brasil. Su historia está marcada por la pasión del público brasileño y por los legendarios pilotos que han dejado huella en el automovilismo mundial. Desde sus primeros años en el circuito de Jacarepaguá hasta su consolidación en Interlagos, esta competencia ha sido testigo de grandes momentos y cambios en la categoría reina del deporte motor.
El primer GP de Brasil se disputó en 1973, en el Autódromo de Interlagos, ubicado en São Paulo. En aquella época, la carrera fue dominada por Emerson Fittipaldi, quien con su triunfo desató una auténtica fiebre por la F1 en el país. Sin embargo, a medida que los autos se volvían más potentes, el trazado comenzó a considerarse peligroso y con infraestructura limitada, lo que llevó a los organizadores a buscar una nueva sede.
Así fue como en 1978 el GP se trasladó al Autódromo Nelson Piquet, en el barrio de Jacarepaguá, Río de Janeiro. Este circuito, más moderno y con mejores instalaciones, albergó la mayoría de las carreras brasileñas durante la década de los ochenta. Durante esos años, pilotos locales como Nelson Piquet y Ayrton Senna llevaron al público al delirio, consolidando el prestigio de Brasil como potencia automovilística.
El GP de Brasil en la era moderna
Hacia finales de los ochenta, Jacarepaguá comenzó a mostrar signos de deterioro, y las autoridades paulistas apostaron por renovar Interlagos. Tras una profunda remodelación, el evento regresó a São Paulo en 1990, donde se mantiene hasta hoy bajo el nombre oficial de Autódromo José Carlos Pace, en honor al piloto brasileño fallecido en 1977.
Desde su retorno, Interlagos ha sido escenario de momentos históricos, como el primer campeonato mundial de Ayrton Senna en casa (1991), la dramática coronación de Lewis Hamilton en 2008 o las lluvias que han definido carreras memorables. Su trazado corto, técnico y con cambios de elevación lo convierten en uno de los circuitos favoritos tanto para pilotos como para aficionados.